Protesta del IPN

El objetivo de la educación pública es formar ciudadanos y profesionistas que construyan el ideal de país plasmado en la Constitución. El Instituto Politécnico Nacional fue fundado en el año de 1936 por el presidente Lázaro Cárdenas del Rio, y es una institución pública que brinda educación en los niveles medio superior, superior y posgrado.

Esta institución, como todas las que emanan de la Constitución, busca el progreso de los mexicanos, tal como se señala en el articulo tercero. La problemática en la que el Politécnico se ha visto envuelto en las últimas semanas tiene como origen la expedición de un nuevo reglamento interno bajo la cabeza de la directora general del instituto, Dra. Yoloxóchitl Bustamente, el cual pone en entredicho la misión educativa de esta institución en el contexto de formar ciudadanos y profesionales que hagan viable el desarrollo del país.

Como resultado de esta decisión no consensuada, los estudiantes han salido a las calles argumentando que el nuevo reglamento coarta su libertad laboral al cambiar tres grandes rubros educativos importantes: el fin a los seguros médicos educativos, el cambio de materias teóricas por prácticas y el esquema de titulación.

La titulación en el Politécnico podía llevarse a cabo bajo dos títulos curriculares y escolares: técnico e ingeniero. En el nuevo reglamento propuesto, los grados académicos pueden ser dados como una “alternativa” a la de ingeniero, optando por una carrera de menos duración y menos teoría bajo el grado de “técnico”, buscando así el fortalecer el sector técnico-obrero mexicano.

La reorientación de los títulos y sobre todo de la curricula de los planes de estudio trae como resultado la creación de técnicos, es decir, de ejecutores, en vez de generadores o críticos. En perspectiva, los primeros sirven para el desarrollo de funciones claramente preestablecidas como la maquilla, y los segundos tienen un grado de calificación mayor que les permite no sólo tomar decisiones, sino contar con los conocimientos necesarios para ser críticos y para generar nuevo conocimiento. Los países desarrollados invierten grandes cantidades de dinero en la generación y el aprovechamiento del conocimiento en las universidades y centros de conocimiento.

En el modelo económico actual, el Estado mexicano está recortando sus funciones sociales y dejando al mercado la regulación y prestación de servicios de carácter social como la educación o la salud, además del acceso a través de elementos económicos; es decir que, quien tenga mayor capacidad económica puede acceder a un mejor nivel educativo. Ser profesionista se vuelve un privilegio y no un derecho.

Si bien México necesita técnicos para satisfacer la demanda de servicios importantes en el mercado laboral, no se puede sacrificar una institución de la relevancia del Instituto Politécnico Nacional para que cumpla dicha función, siendo que se trata de una de las ofertas públicas de mayor calidad del país. De ahí la importancia de que la educación pública sea autónoma, como sucede con la Universidad Nacional Autónoma de México, a fin de que los programas de estudios puedan ser autodeterminados sin intereses políticos o coyunturas económicas de por medio, y verdaderamente sirvan al interés público.

Sólo una educación pública autónoma puede ser crítica incluso del gobierno en turno, capaz de generar el conocimiento que permita superar los problemas contextuales, y preparar mexicanos capaces de afrontar los retos y desafíos que el país atraviesa en todas sus esferas. Su valor radica en que a través de ella, los ciudadanos emanados de sus filas estén en condiciones de llevar a cabo los ideales plasmados en la Constitución al mismo tiempo que realizan su proyecto de vida.

[imagen: http://elpunto.com.mx]